La pantalla está rota como una telaraña, pero como el táctil va, no pasa nada
Llevas la pantalla pareciendo un puzzle de mil piezas pero dices "aún aguanta". Cada una de esas grietas que notas al pasar el dedo es una autopista de ocho carriles para la humedad del cuarto de baño, el sudor de tu cara y el polvo del bolsillo. Un día de lluvia tonta, el agua penetra hasta la matriz de píxeles, te hace un corto en la faja de conexión y te quedas con una pantalla negra en el peor momento posible. No tientes a la suerte; si parece que ha ido a la guerra, renuévalo.